Analizamos el impacto de ‘Ni Una Menos’ y la evolución del registro de los datos y de los marcos penales frente a la violencia de género en España y Argentina

Artículo escrito por María Jimena Lópes, Abogada, en el marco de sus prácticas del Máster en Intervención con Mujeres Víctimas de Violencia de Género. Puedes contactar con Jimena a través de su perfil de LinkedIn.
El origen del 3J: El grito de ‘Ni Una Menos’ en Buenos Aires
El 3 de junio de 2015, la plaza del Congreso en Buenos Aires albergó una de las marchas más masivas de la historia latinoamericana reciente. El femicidio de la adolescente Chiara Páez impulsó a un colectivo de periodistas, escritoras e intelectuales argentinas a exigir justicia. Ese reclamo inicial encendió la mecha para el nacimiento definitivo de «Ni Una Menos».
La consigna se inspiró en una frase de la poeta y activista mexicana Susana Chávez, acuñada originalmente en los años 90 en Ciudad Juárez: «Ni una mujer menos, ni una muerta más». Esta poeta, psicóloga y ferviente defensora de los derechos humanos en México, fue trágicamente asesinada en enero de 2011, convirtiéndose en un símbolo de la impunidad y la violencia de género. Fue su poderoso legado el que sirvió como raíz e inspiración directa para el nacimiento del masivo movimiento latinoamericano «Ni Una Menos» en 2015, que sintetizó el hartazgo social ante la impunidad de la violencia machista.
La repercusión global de esta protesta cruzó el Atlántico de forma inmediata. En España, las redes de activistas y periodistas locales conectaron de inmediato el reclamo latinoamericano con las lagunas de protección penal de la legislación europea. La adopción del lema en el contexto español sirvió para dinamizar las protestas y para poner el foco en los vacíos institucionales respecto a los crímenes de género que ocurrían fuera del ámbito de la pareja o expareja, un debate que años más tarde modificaría el marco legal del país.
A once años de aquella primera jornada, el balance demuestra que el fenómeno no solo transformó la agenda pública de los medios, sino que obligó a los Estados de ambas regiones a unificar criterios de conteo, crear fiscalías específicas y revisar de forma crítica las fallas en las órdenes de protección judicial.
La conexión transatlántica: La adopción del movimiento en España
El feminismo actual en España está profundamente ligado a sus lazos con América Latina. El 3 de junio de 2015 fue un momento clave a nivel mundial. Las masivas protestas en Buenos Aires resonaron en los colectivos de Madrid y Barcelona, que entre 2015 y 2018 incorporaron la fecha del 3 de junio en su calendario permanente, transformando la protesta en una red de alianzas globales contra la violencia machista.
El Movimiento Feminista de Madrid y las primeras articulaciones de lo que sería la Comisión 8M (coordinadora de las huelgas generales que cambiarían la historia política del país) comenzaron a replicar las concentraciones en la Puerta del Sol. En Barcelona, de manera paralela, colectivos de migrantes latinoamericanas, en alianza con el espacio Vaga Feminista, introdujeron el lema en las asambleas de barrios como Gràcia y el Raval. No se trataba solo de un acto de solidaridad internacional. Era la asunción de una tesis política común: la violencia machista requería una respuesta globalizada.
Para el año 2017, la Comisión 8M de Madrid y la Assemblea 8M de Barcelona ya habían institucionalizado el 3 de junio dentro de su calendario anual de movilizaciones. La fecha dejó de ser una efeméride externa para convertirse en un espacio de denuncia de las lagunas del propio sistema judicial español.
Durante este período, las crónicas de las asambleas registran debates intensos sobre cómo el concepto de «femicidio» —acuñado formalmente en el ámbito latinoamericano— debía aplicarse en España. En ese momento, la legislación española (la Ley Orgánica 1/2004) solo reconocía como violencia de género aquella ejercida por parejas o exparejas. El grito de «Ni Una Menos» sirvió como herramienta discursiva para exigir la inclusión de los asesinatos cometidos por desconocidos, agresores sexuales o familiares en las estadísticas oficiales.
El hito del 7N en Madrid: El despertar del feminismo de masas
El 7 de noviembre de 2015, la capital española recogió el testigo del ‘Ni Una Menos’ latinoamericano con una movilización histórica que pulverizó los conteos oficiales y obligó a replantear el Pacto de Estado.
Miles de mujeres, llegadas en vehículos particulares, trenes y más de 300 autobuses fletados desde todos los rincones del Estado español, colmaron los carriles centrales desde el Ministerio de Sanidad hasta la Plaza de España. El ambiente, cargado de una indignación contenida y unificada, marcó un punto de no retorno: la Marcha Estatal contra las Violencias Machistas, conocida históricamente como el 7N.
El impulso venía arrastrándose desde el Cono Sur. Las imágenes de las plazas argentinas desbordadas el 3 de junio de ese mismo año habían operado como un espejo y un reactivo en las asambleas locales de Madrid y Barcelona. La consigna transatlántica «Ni Una Menos» se reconvirtió en las pancartas madrileñas en un grito unánime: «Terrorismo machista, cuestión de Estado».
La importancia de la jornada no radicó únicamente en los números, sino en la composición y el tono de la protesta. Columnas enteras de mujeres de todas las edades marcharon en estricto silencio durante varios tramos, roto únicamente por el redoblar de tambores y consignas que exigían la reforma de la Ley Orgánica 1/2004. El foco de la denuncia se puso sobre los «vacíos de la ley»: los asesinatos cometidos por hombres que no eran parejas o exparejas de las víctimas seguían quedando fuera de las estadísticas institucionales.
La marcha concluyó con la lectura de un manifiesto en varios idiomas, exigiendo el compromiso de todas las fuerzas políticas para un Pacto de Estado contra la Violencia de Género, una semilla legislativa que terminaría germinando dos años después, en 2017. El 7N demostró que el movimiento en España había dejado de ser una articulación de nicho para convertirse en un sujeto político de masas, conectando formalmente su destino con las demandas globales del «Ni Una Menos».
Radiografía jurídica comparada: España y Argentina en 2026
La evolución de los marcos jurídicos contra la violencia de género en España y Argentina demuestra que el avance legislativo suele ser una respuesta directa a la presión de los movimientos sociales. Esta presión social no solo cambió las calles, sino que transformó la manera en que los Estados miden el problema a nivel institucional. Mientras Argentina utiliza una figura penal específica dentro de su Código Penal, España mantiene la estructura de homicidio agravado, habiendo ampliado recientemente su marco de recuento y protección.
Análisis estadístico y frecuencia de feminicidios
La unificación de las estadísticas sigue siendo el principal caballo de batalla de los observatorios institucionales.
De este modo, España publica datos desagregados mensualmente a través de la Delegación del Gobierno contra la Violencia de Género, que desde hace cuatro años computa de forma oficial otros feminicidios que ocurren fuera de las relaciones de pareja (como los componentes puramente sexuales o vecinales). Al cierre de mayo de 2026, el Estado español registra una cifra oficial de 21 mujeres asesinadas en lo que va del año. Ello revela un feminicidio aproximadamente cada 7 u 8 días (unas 168 a 192 horas). Sin embargo, el registro independiente que anualmente recoge la web Feminicidio.net muestra la insuficiencia de las estadísticas oficiales españolas. Al ampliar de forma efectiva los criterios de análisis más allá del vínculo de pareja, sus datos prácticamente duplican cada año las cifras institucionales. Hasta mayo de 2026 eleva el registro anual hasta los 41 feminicidios, lo que representan uno cada 3-4 días, (cada 88 horas).
Por su parte, Argentina procesa sus datos anuales a través del Registro Nacional de Femicidios de la Justicia Argentina (dependiente de la Corte Suprema de Justicia de la Nación). Estos datos oficiales muestran un femicidio directo cada 44 horas. Sin embargo, los movimientos sociales locales continúan utilizando los datos de los observatorios independientes (como La Casa del Encuentro) para auditar las cifras oficiales, debido a los desajustes de tiempos en los reportes de las provincias. El acumulado proyectado por estos observatorios civiles hasta el mes de mayo de 2026 eleva la inercia del año a un rango de un femicidio cada 33 – 36 horas.
Marco Penal en Argentina: La figura autónoma del Femicidio
Argentina reformó su Código Penal en 2012 (mediante la Ley 26.791), eliminando los antiguos «atenuantes por emoción violenta» e introduciendo modificaciones clave en el Artículo 80:
- Tipificación: No existe un delito independiente llamado «femicidio», sino que se penaliza como un homicidio calificado (agravado).
- Artículo 80, inciso 1: Contempla el vínculo (pareja o expareja, medie o no convivencia), lo que añade otra capa de agravante aplicable.
- Artículo 80, inciso 11: Impone la pena de prisión perpetua al hombre que matare a una mujer «cuando el hecho sea perpetrado por un hombre y mediare violencia de género».
- Artículo 80, inciso 12: Femicidio Vinculado. Es una particularidad de la ley argentina. Castiga con prisión perpetua a quien mata a una persona (por ejemplo, a los hijos o familiares de la mujer) con el único propósito de causar sufrimiento a una mujer con la que mantiene o ha mantenido una relación. (Lo que en el ordenamiento español conocemos como un componente del feminicidio vicario).
Marco penal en España: El homicidio con agravante de género y la evolución del concepto
A diferencia de Argentina, el Código Penal español no incluye el término «femicidio» o «feminicidio» dentro de su articulado penal. El castigo a estos crímenes se articula a través del Homicidio y el Asesinato con agravantes específicas:
- Tipificación: Se juzga bajo el artículo de Homicidio (Art. 138) o Asesinato (Art. 139) del Código Penal.
- Agravante de Género (Artículo 22.4ª): Introducido en las reformas de la última década, se aplica cuando el delito se comete «por motivos de género». Esto eleva la pena sustancialmente.
- Pena Máxima: Si el crimen reúne las condiciones de ensañamiento o alevosía extrema, se puede aplicar la Prisión Permanente Revisable (la pena más alta del ordenamiento penal español).
- Evolución del Concepto (La Ley del ‘Solo Sí es Sí’ de 2022): Aunque el Código Penal mantiene su estructura, España amplió por real decreto el marco de recuento y protección, dividiendo los feminicidios oficiales en cinco categorías (Íntimos, Familiares, Sexuales, Sociales y Vicarios). Esto permite que crímenes cometidos por desconocidos o violadores entren en la estadística oficial, algo que antes de la Ley de 2004 se limitaba estrictamente al ámbito de la pareja.
Si estás sufriendo una situación de violencia de género en España, puedes llamar al 016. Es un teléfono gratuito, confidencial, operativo las 24 horas y no deja rastro en la factura telefónica. También puedes comunicarte por WhatsApp al 600 000 016.
Enlaces relacionados
Ley de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género
Pacto de Estado contra la Violencia de Género
Delegación de Gobierno contra la Violencia de Género

