En la actualidad, continuamos necesitando medidas que contribuyan al logro de la igualdad efectiva. ¿Cómo pueden ayudar las nuevas masculinidades?

Artículo escrito por Zaida Blanes, Trabajadora Social, en el marco de sus prácticas del Máster Universitario en Igualdad y Género en el Ámbito Público y Privado de la Universitat Jaume I de Castelló. Puedes contactar con Zaida a través de su perfil de LinkedIn.
Determinantes sociales
La categoría género es un determinante social, debido a que muchas de las circunstancias a las que cotidianamente nos vemos expuestas, se producen por pertenecer al colectivo de mujeres. Esto cobra sentido cuando entendemos que el sistema es patriarcal y que la violencia tiene un carácter estructural.
Donde nazcas, la cultura y la clase social y económica a la que pertenezcas, impacta en tus derechos. No cuenta con los mismos derechos una mujer blanca, que una negra, que otra procedente de Venezuela o de EEUU. Son factores que influyen en los derechos con los que cuenta una mujer. La convergencia del factor género con dos variables o más, es conocida como interseccionalidad o múltiple discriminación. Suponen factores determinantes que cuando se producen de modo simultáneo generan una situación de desigualdad específica, diferente a la que supondrían por separado.
La cotidianidad de cualquier mujer mundana
A día de hoy, las mujeres nos seguimos enfrentando aún a retos constantes: las largas jornadas laborales y la compatibilización con el trabajo en la esfera privada, junto a los malabares que supone la etapa de crianza y el peso del hogar. Además, la mujer sigue desempeñando el rol tradicional como cuidadora. En el ámbito laboral, podemos apreciar que los permisos laborales o las reducciones de jornadas, siguen siendo asumidas por las mujeres. Asimismo, continúa habiendo una brecha laboral y un gran porcentaje de paro femenino, derivado de las responsabilidades de las mismas. Son algunas muestras del peso social con el que cargamos por cumplir con los estereotipos de lo que es ser mujer.
Todas estas manifestaciones de desigualdad, cobran sentido cuando entendemos que nos encontramos conviviendo en un sistema patriarcal.
Educación con perspectiva de género
Desde la intervención social, puedo comprobar diariamente la concepción que supone socialmente ser mujer. Una palabra que supone una carga social, pero no está dotada de reconocimiento y admiración hacia el papel que desempeña la mujer en la sociedad.
Entre los grandes retos que se presentan encontramos cómo se relacionan ambos sexos, es decir, los modelos de feminidad y masculinidad y la influencia que tienen en la sociedad que conformamos.
Para lograr una sociedad en que la igualdad sea una realidad y no mera ficción, debemos cuestionar los privilegios masculinos, creando modelos de masculinidad en el que se cedan espacios a las mujeres en el ámbito público.
Modelos de masculinidades no heteronormativas
El objetivo de estos modelos es el logro del cambio en las normas sociales que perpetúan la desigualdad de género, convirtiendo a los hombres en aliados del cambio hacia una transformación de una sociedad más justa para todas.
Deben ser modelos de conductas que sean positivos y no violentos, basados en la gestión emocional y en la resolución de conflictos, para crear entornos seguros y equitativos con nuestras compañeras. Un punto importante en las masculinidades alternativas es la corresponsabilidad del cuidado, asumiendo que ser cuidadores debe formar parte de su identidad, no relegando la mujer a la esfera privada y a los cuidados.
Retos y desafíos para el feminismo actual
El feminismo necesita la implicación de los hombres y una reflexión por parte de estos sobre los privilegios, en la que el colectivo de hombres defienda una igualdad real para que ambos sexos podamos disfrutar de la vida con plenitud gozando de los mismos sueldos, responsabilidades compartidas y un mundo en el que la pobreza no sea una moneda de cambio para la mercantilización de la mujer.
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